• Daniel Colodenco

Justicia, Justicia, Encubrirás

Actualizado: 28 may 2020

Protestar es denunciar a viva voz aquello que se encubre, lo que oculta el acceso a la verdad y a la justicia. En especial lo cometido desde el poder, que dispone de más oportunidades y recursos para enmascarar: Tal como el cruel y burdo intento de inventar/financiar un relato paralelo para desviar la atención de la causa, evitando así la identificación de los verdaderos responsables.

En el último libro del Pentateuco (Torá), Deuteronomio (Devarím capítulo 16, versículo 20), aparece por vez única la frase “Justicia, Justicia perseguirás” (Tzedek, tzedek tirdof). El fraseo es coherente con el estilo literario del hebreo del texto bíblico y apunta a enfatizar una acción, de ahí la repetición del término “justicia”. Esta duplicación de un término es característica de los fragmentos legales del Pentateuco: En el caso de los delitos que califican para la pena de muerte se enuncia que el perpetrador “morir morirá” (“Mot iumat”), implicando que será castigado con la muerte (no de inmediato, sino cuando sea posible).

El uso del “perseguirás”, y no de “buscarás” ni “reclamarás”, no sugiere esperar que se haga justicia, sino continuar demandándola en el tiempo, como un imperativo a perfeccionar, a mejorar, respecto a algo que no suele lograrse de manera inmediata y en cada lugar donde se imparte. Otros han entendido la reiteración de la palabra “justicia” como una manera de apuntar a dos asuntos complementarios: buscar justicia, pero en tribunales adecuados (Sifré Sanhedrín 32 b), según otros la primera refiere a los jueces y la segunda a los mediadores [TB Sanhedrín 32 b], mientras que hay quien cree que ambas apuntan a las dos posibilidades resultantes de un juicio: las de perder y las de ganar.

¿Cuál es el contexto bíblico de esta frase tan persistentemente aludida por mis amigos de Memoria Activa? Esa expresión que han reiterado como un clamor recurrente antes que como mera cita, como una plegaria que machaca la insensibilidad de un poder sordo y distante. Una frase que hace más de 20 años les escucho implorar insistentemente, por un ideal de justicia que en nuestro país cuenta con tan pocos ejemplos y tan escasos resultados esperanzadores.

El capítulo 16 del libro de Deuteronomio puede ser dividido en tres partes: la primera, hasta el versículo 17, discurre sobre las leyes de las tres celebraciones anuales de peregrinaje al Templo (Pésaj, Shavuót y Sukót) y se enfatiza su carácter universal (ya que la alegría de su festejo debía ser compartida con todos aquellos que habitasen el territorio israelita, aún de manera transitoria) Se plantea el imperativo de aportar los impuestos a las arcas del Templo según las posibilidades individuales y se vuelve a insistir que los hijos de Israel debían recordar para siempre, año tras año, que fueron esclavos en Egipto y que la libertad exige el cumplimiento de la ley (versículo 12)

Desde el versículo 18 al 19 el texto comienza a enunciar, a modo de prólogo, una serie de prescripciones legales:

18 “Y dispondrás para ti de jueces y oficiales de la ley en todas tus ciudades que el Señor, tu Dios, te está concediendo para tus tribus, y ellos habrán de juzgar a la gente [con] juicio justo

19 “No pervertirás la justicia; No mostrarás favoritismo ni recibirás soborno, porque el soborno enceguece los ojos de los sabios y pervierte las palabras de los justos

Es en el versículo 20 donde aparece la frase en cuestión: “Justicia, justicia Perseguirás. Para que puedas vivir y heredar la tierra que Dios te entrega

El texto sostiene que el nombramiento de jueces probos e insobornables era un requisito esencial para que Dios les permitiese convertirse en habitantes (ciudadanos) con plenos derechos.

La tercera parte del capítulo 20 enumera una serie de preceptos relativos al “culto foráneo” (lo que hoy identificaríamos como idolatría), entre ellas la prohibición de erigirse un monumento (o monolito) en honor a uno mismo, tal como acontecía con los reyes y las autoridades de países de la región, que solían construir estatuas en su propio honor. La ley del Deuteronomio expresa claramente la necesidad de limitar la autoridad absoluta del rey, del soberano (“Para que su corazón no se erija por encima del de sus hermanos”) La idolatría resulta entonces un asunto político antes que teológico.


La sujeción a la ley

¿Cuál es el hilo conductor que articula a estos tres tópicos que caracterizan al capítulo 16?: La jurisprudencia hebrea, según la narrativa bíblica, es heterónoma y voluntaria, es decir: proviene de fuera del sistema legal de manufactura humana (ya que emana de Dios) y es voluntaria porque los israelitas aceptaron cumplirla en el Sinaí.

Al ser la justicia un atributo originalmente divino y transferido a los hijos de Israel, el hecho de cumplir cada uno de sus aspectos: festivos, legales y cúlticos, denota la realización de actos de fidelidad a Dios. No es el liberarse de la esclavitud lo que se festeja en la Biblia, sino la sujeción a la ley representada por el Estado, el que debe ser sostenido con impuestos progresivos y una justicia ecuánime.

La idolatría es comprendida como una conducta (no sólo una mera creencia), como un acto de desobediencia a la ley y un olvido de aquel Dios que exige que sus actos liberadores sean recordados, particularmente el suceso fundante del Éxodo de Egipto.

Las fuentes judías asocian a la idolatría con la deslealtad y el encubrimiento de la verdad. Cada vez que se impide el acceso a ella, que la víctima se encuentra indefensa por dicho encubrimiento, la justicia se vuelve idolatría. La falsedad de la idolatría consiste en que el objeto de esta devoción no es digno de ella. Por extensión la idolatría también significa llevar una vida falsa, dedicada a una causa que no la merece (Moshe Halbertal & Avishai Margalit: Idolatría. Guerras por imágenes: Las raíces de un conflicto milenario. Gedisa, Barcelona 2003).

Más adelante la legislación rabínica se fundamenta en que una ciudad necesita un tribunal de justicia [Aryeh Cohen: Justice in the City: An Argument from the Sources of Rabbinic Judaism. 2012 Academic Studies Press), de una red de seguridad social; una ciudad debe proporcionar comida y refugio a los extranjeros. La ciudad es el elemento mediador de las obligaciones de los individuos. La ciudad como modelo de país, el lugar de las obligaciones mutuas y de la ley, el sitio que debiera ser donde la gente se sienta protegida y amparada.

En el tratado rabínico Pirké Avot (Capítulos Primordiales), se cita a Rabán Shimón Ben Gamliel, quien dijo: “Sobre tres cosas se sostiene el mundo: La verdad, la justicia y la paz, parafraseando la oración: “Juzgad en vuestras ciudades verdad y juicio de paz”.


Mítos, ídolos impostados o mártires de fantasía

No resulta difícil comprender que esto es lo contrario a lo que experimentaron los familiares y amigos de las víctimas del atentado. Desde su acontecimiento se desplegaron falacias, mentiras y violaciones recurrentes de la ley por parte de las autoridades políticas, de los funcionarios judiciales (jueces y fiscales), de los comunicadores y de los dirigentes comunitarios. Paradójicamente, aquellos que más responsabilidad tenían en dilucidar los hechos, más contribuyeron a encubrirlos. Ellos entendieron el mandato bíblico a la inversa: “justicia, justicia encubrirás” y, en vez de mancomunar al país y a la comunidad judía en la busca de la verdad, fragmentaron y dividieron. “Interroga cuidadosamente a los testigos y se prudente al pronunciar tus palabras, no sea que induzcas a alguien a mentir” Frase que fuese atribuida a Rabí Shimón ben Shetaj, quien vivió en el siglo II ADC. Esto no fue escrito hace pocos días sino hace más de 2200 años, pese a su estridente actualidad (Pirké Avot 1:9).

Muchos siguen y siguieron defendiendo mitos que remplazaron a los hechos y manufacturaron ídolos impostados o mártires de fantasía, devociones que la tradición bíblica, tal como hemos visto, proscribe per se. Desarrollaron el relato oficial sobre lo que ocurrió, alejándose del esclarecimiento de lo que realmente pasó. Alineándose con intereses políticos enfrentados con los de la justicia y la verdad.

Maldito quien corrompa el juicio del extranjero, del huérfano o de la viuda.Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!‘ (Deuteronomio 27:19)

Por el contrario, otros han elegido denunciar, hablar en voz alta, clamar, protestar. Exigir justicia y verdad. En lugar de encubrir, de velar. En la literatura talmúdica los maestros rabínicos Elazar ben Azariah: Rav, R. Hanina, R. Iojanán y R. Javiva enseñaron que, “[. . .] Todos aquellos que pueden protestar contra [algo malo que] uno de su familia [está haciendo] y no protesta, es responsable junto con su familia.

[Todos aquellos que pueden protestar contra algo malo que] un ciudadano de su ciudad [está haciendo y no protesta], es responsable junto con todos los ciudadanos de la ciudad.

[Todos aquellos que pueden protestar contra algo mal que se está haciendo] en todo el mundo, son responsables junto con todos los ciudadanos del mundo

¿Qué se entiende aquí por “protesta“? (mejaáh en hebreo rabínico)

Protestar es denunciar a viva voz aquello que se encubre, lo que oculta el acceso a la verdad y a la justicia. En especial lo cometido desde el poder, que dispone de más oportunidades y recursos para enmascarar: Tal como el cruel y burdo intento de inventar/financiar un relato paralelo para desviar la atención de la causa, evitando así la identificación de los verdaderos responsables.

Encubrir es evitar el acceso a una verdad que podría afectar los intereses de quien/quienes encubren. En los considerandos sobre testigos falsos que se enuncian en Deuteronomio o ley taliónica, se enfatiza que la pena aplicada al testigo falso debe ser la misma que se aplicaría a los responsables del crimen. El testigo falso habrá de sufrir lo que la víctima de su mentira habría sufrido (o sufrió). La justicia retaliativa articula un concepto de equivalencia.

El testigo falso, un tema bíblico más que actual en la historia del juicio por el atentado, es un asunto de suma relevancia, que expone el ocultamiento activo de las evidencias, que pudieron haber permitido hallar a los culpables.

En la afamada traducción aramea del texto de la Torá, conocida como Targum Onqelos, se entiende que la frase “Justicia, Justicia perseguirás”, debe ser entendida como: “Verdad, verdad perseguirás”. Ese es el camino, cueste lo que cueste y tarde lo que tarde.


Este texto fue publicado en el número 998 de la revista Nueva Sión y recoge una ponencia presentada en las Jornadas de Reflexión a 25 años del atentado a la Amia, organizadas por el Instituto Eli Wiesel.

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